¿Cuántas veces nos hemos dicho a nosotros mismos “lo consultaré con la almohada” para evitar tomar una decisión de manera precipitada? Seguramente nos lo hemos dicho en reiteradas ocasiones sin saber por qué, sin embargo, en este post te ayudaremos a darle respuesta desde una perspectiva científica.
Cuando nos vamos a la cama a dormir, con la intención de obtener una solución a algún problema a la mañana siguiente, se produce un efecto fundamental que nos permite eliminar los pensamientos rumiantes e irrelevantes, hecho que nos permite abordar la información realmente necesaria y darles un mejor significado (Acosta, 2019).
Ahora bien, ¿qué es el sueño? El sueño es una parte integral de la vida cotidiana, una necesidad biológica que permite restablecer funciones físicas, pero también, funciones psicológicas que son esenciales para el rendimiento en nuestra vida cotidiana. Por otro lado, Sáez et al., (2013), añaden que: “El sueño, por medio de múltiples vías, es un componente necesario para el restablecimiento y el equilibrio de los niveles adecuados de la actividad cerebral”, el cual juega un papel principal en nuestro estado de ánimo, comportamiento y el desencadenamiento de diversas enfermedades psíquicas y fisiológicas.
Pero, ¿qué relación hay entre el sueño y la memoria? Monterrosa Castro et al., (2014) añaden que el sueño no solo es un elemento importante para la recuperación corporal, sino que también una buena calidad de sueño se relaciona con en el buen funcionamiento de la memoria y el establecimiento de huellas memorísticas, permitiendo, además, la integración de la información recordada y la extracción de significados.
El sueño en sí tiene un papel muy importante en la consolidación de la memoria a largo plazo, lo cual es esencial para aprender nueva información. Sin embargo, estudios reportaron que también favorece a la consolidación de la memoria de trabajo al encontrar una disminución en el rendimiento cognitivo luego de una etapa de privación del sueño (Martínez-Cancino et al., 2014). Fernández et al. (2014) define la consolidación de la memoria como el proceso de estabilización de la experiencia sensoriomotora que ocurre tras la codificación de dicha información.
Ahora bien, ¿Qué sucede con la memoria en las fases del sueño? El sueño se clasifica electrofisiológicamente en dos estados: MOR y sueño N-MOR. Durante el sueño NMOR se produce la consolidación de la memoria a largo plazo, en especial, de la memoria declarativa (dependiente del hipocampo), mejorando la capacidad para adquirir, retener, almacenar y evocar la información procesada. Además, durante este estado se contribuye a la homeostasis sináptica al promover la “limpieza” de las conexiones redundantes que se potenciaron durante la vigilia anterior (Mendoza et al., 2017). Por otro lado, se ha conocido que durante el sueño MOR se activa la amígdala (perteneciente al sistema límbico), por lo que se ha sugerido que este estadio de sueño se asocia especialmente con memorias de tipo emocional. Sin embargo, también durante esta fase se favorece la memoria procedimental (independiente del hipocampo) y se produce un efecto beneficioso en la consolidación tanto de las habilidades cognitivas como de las sensitivo-perceptuales (Carrillo-Mora et al., 2013).
¿Qué consecuencias podría traernos tener una mala calidad de sueño? Se denomina “mala calidad de sueño”, a la disminución en la funcionalidad de la persona, y en caso de mantenerse por periodos prolongados, perjudica la calidad de vida y el rendimiento académico o laboral (Buttazzoni & Casadey, 2018). Cuando estamos privados de sueño, nuestra concentración y vigilancia cambia, lo que hace que sea más difícil recibir información. Sin un sueño y descanso adecuado, podemos perder la capacidad de acceder a la información previamente aprendida y nuestra interpretación de los eventos puede verse afectada por el hecho de tomar decisiones no acertadas, debido a que ya no podemos evaluar con precisión la situación, planificar en consecuencia y elegir el comportamiento correcto (Castillo et al., 2020). También, se ha comprobado que tras una noche de privación de sueño se produce un déficit significativo en la actividad del hipocampo durante la codificación de la memoria episódica, resultando en peor retención posterior. En relación a esto, un estudio realizado a 2682 estudiantes de medicina demostró que el 53% declaró estar atravesando por un desgaste académico, agotamiento emocional y una disminución considerable de las horas de sueño, dando como resultado problemas cognitivos, alteraciones en la atención, concentración y memoria e incluso, en algunos casos enfermedades crónicas (Schwenk & Wimsatt, 2010).
¿Sabías qué? Si bien siempre hacemos referencia al sueño nocturno como reparador, se ha descubierto que la siesta también tiene múltiples beneficios como, por ejemplo, estimulación de la creatividad, concentración, mejora nuestro estado de ánimo, entre otros. Sin embargo, por el ritmo de vida que llevamos este hábito se fue perdiendo poco a poco (Acosta, 2019).
Y luego de leer este artículo… ¿Comenzarás a replantearte adoptar hábitos de sueño saludables?
Referencias bibliográficas
Acosta, M. T. (2019). Sueño, memoria y aprendizaje. MEDICINA (Buenos Aires), 79(Supl III), 29-32.
Buttazzoni, M. B., & Casadey, G. E. (2018). Influencia de la calidad del sueño y el estrés académico en el rendimiento académico de estudiantes universitarios.
Carrillo-Mora, P., Ramírez-Peris, J., & Magaña-Vázquez, K. (2013). Neurobiología del sueño y su importancia: antología para el estudiante universitario. Revista de la Facultad de Medicina UNAM, 56(4), 5-15.
Castillo, J., Lan, A., Morán, J., Aparicio, E., Tuñón, V., Gutiérrez, M., & Ortega, C. (2020). La relación entre el rendimiento universitario y la privación de sueño. Revista de Iniciación Científica, 6(2), 53-59.
Fernández-Mendoza, J. &Puhl, M. (2014). Capítulo 23 Sueño y arousal. Neurociencia Cognitiva. Madrid: Médica Panamericana.
Martínez-Cancino, D. P., Jiménez-Ángeles, L., & Azpiroz-Leehan, J. (2014). Efectos de 24 horas de privación del sueño en la memoria de trabajo. In Memorias del Congreso Nacional de Ingeniería Biomédica (Vol. 1, No. 1, pp. 212-215).
Mendoza, L. Á. A., Caballero, S., Ormea, V., Salazar, G., Loayza, L., & Jauregui, A. M. M. (2017). La importancia del sueño en el aprendizaje: visos desde la perspectiva de la neurociencia. Avances en psicología, 25(2), 129-137.
Monterrosa Castro, A., Ulloque Camaño, L. & Carriazo, J. (2014) Calidad del dormir, insomnio y rendimiento académico en estudiantes de medicina. Revista Duazary, 11(2), 85-97.
Sáez, J., Santos, G., Salazar. & Carchuancho-Aguilar, J. (2013) Calidad del sueño relacionada con el rendimiento académico de estudiantes de medicina humana. HorizMed. 13(3), 25-32.
Schwenk, T. L., Davis, L., & Wimsatt, L. A. (2010). Depression, stigma, and suicidal ideation in medical students. Jama, 304(11), 1181-1190.

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