¿A QUÉ HUELEN TUS RECUERDOS?
El olfato es el sentido más primitivo y
antiguo que posee el ser humano y está íntimamente relacionado con nuestra
evolución y supervivencia, por ejemplo, lo usamos para seleccionar y detectar
alimentos, nos previene de peligros como el fuego u otros tóxicos, pero además
es el mayor responsable de almacenamiento de recuerdos en la memoria (Hernández
et al., 2018).
El olfato es 10 mil veces más agudo que
nuestros otros sentidos, y es sensible a unos 10 mil componentes químicos. La
agudeza del olfato con respecto a otros sentidos es producto de que el nervio
olfativo es el único nervio sensorial que conecta los impulsos olfatorios de la
nariz directamente con el cerebro, por lo tanto, es a través del sentido del
olfato que el cerebro se conecta directamente con el mundo externo. Esta
conexión directa permite que el estímulo olfativo viaje mucho más rápido al
cerebro que los estímulos provenientes de la vista o el sonido (P.K Demian,
1997). Sin embargo, es uno de los sentidos menos estudiados, ya que tenemos la equívoca
tendencia de colocar al sentido del olfato en una escala inferior con respecto
a otros sentidos, como el de la vista y el oído. En relación a esto, les
facilitaremos una serie de comparaciones.
Cuando vemos una foto podemos recordar
muchos momentos de nuestra vida, sin embargo, el olfato destaca por ser un gran
potencial emocional asociado a los recuerdos. En un estudio (Pointer &
Bond, 1998), se ha dado la tarea a 95 estudiantes de recordar una frase, a un
grupo le dieron la frase impresa en un papel de color brillante y al otro
grupo, impresa en un papel perfumado. Los resultados demostraron que los
participantes expuestos a la señal olfativa recordaron mucho mejor que en la
condición visual, pero ¿por qué una pista olfativa se asociaría mejor con la frase
que una pista visual? La falta de efecto de la señal visual para este estudio
evidencia la importancia que tiene el sentido del
olfato hasta en las cosas más simples de nuestra vida.
Ahora bien, ¿Cuántas fueron las veces en
que un aroma nos hizo viajar al pasado? Seguramente muchas, y esto es debido a
que la percepción de olores puede hacernos recuperar recuerdos de eventos de
nuestra vida con significado personal, provocándonos fuertes experiencias
afectivas. Esto es posible gracias a que los olores son procesados directamente
desde el aparato olfativo a través del sistema límbico, el centro emocional por
excelencia (Vermetten et al., 2007) ¿Pero qué sucede cuando olemos? La
información del olor ingresa por el bulbo olfatorio e inmediatamente se activa
la corteza olfativa primaria, que tiene conexión directa con la amígdala y el
hipocampo (ambas pertenecientes al sistema límbico). La amígdala está
involucrada en los procesos de la emoción y juega un papel central en el
aprendizaje asociativo, por ejemplo, algunas neuronas de la amígdala codifican
señales de olor asociadas con un gusto positivo o negativo. Y, en el hipocampo
esa información olfativa puede incorporarse a la memoria episódica a largo
plazo (Kadohisa, 2013).
Por lo tanto, un olor no solamente nos
trae un recuerdo a la mente, sino también es capaz de producir un estado de
ánimo. ¿Quién no ha tenido una experiencia agradable al oler determinado
perfume? ¿Quién no ha recordado un evento de su infancia a través del olor de
un plato de comida de su abuela? Sin embargo, no todos los olores pueden
provocarnos respuestas afectivas agradables sino también desagradables. Por
ejemplo, en un estudio (Vermetten et al., 2007), tras
ser expuestos a 16 veteranos de Guerra, al aroma del diesel, informaron sensaciones de miedo, angustia y
ansiedad. Por lo tanto, se puede afirmar que las
regiones cerebrales que median el procesamiento emocional se activan
diferencialmente por la valencia del olor, lo que proporciona evidencia de una
estrecha relación anatómica entre los procesos olfativos y emocionales (Zald
& Pardo, 1997). ¿Sabías qué? Se ha demostrado que lo que más impacto y
durabilidad tiene en los humanos son los olores relacionados a experiencias
negativas, ya que éstos tienen una finalidad adaptativa que nos previene del
peligro (Kadohisa, 2013). Sin embargo, los aromas agradables que nos
aportan seguridad y positividad, podrían ser útiles para uso terapéutico, y una
de las técnicas más utilizadas es la aromaterapia.
En relación a esto, en un estudio (Ebrahimi
et al., 2021) se descubrió que, tras 30 días de tratamiento con aceites de
lavanda y camomila, a pacientes ancianos con depresión, ansiedad y estrés, sus
niveles de patología disminuyeron significativamente. Esto es porque, la capacidad
antidepresiva de los aceites esenciales parecen proceder de los químicos que
liberan endorfinas, encefalinas, analgésicos y tranquilizantes.
Referencias
bibliográficas
Damian, P., & Damian, K. (1997). Aromaterapia: El olor y la psique: Utilización de los aceites esenciales para el bienestar físico y emocional. Inner Traditions/Bear & Co.
Ebrahimi, H., Mardani, A., Hasan Basirinezhad, M., Hamidzadeh, A., & Eskandari, F. (2021). The effects of Lavender and Chamomile essential oil inhalation aromatherapy on depression, anxiety and stress in older community-dwelling people: A randomized controlled trial. Elsevier, 7. https://doi.org/10.1016/j.explore.2020.12.012
Hernández, J. M., Paxtián, Z. J. H., Calvo, M. D. R. P., & Guerrero, I. J. O. (2018). ¿ Cómo podría ayudar un sistema interactivo a reforzar el recuerdo de los aromas en pacientes con déficit olfativo?. Avances en Interacción Humano-Computadora, (1), 54-57. http://dx.doi.org/10.47756/aihc.y3i1.46
Kadohisa, M. (2013). Effects of odor on emotion, with implications. Frontiers in systems neuroscience, 7, 66. https://doi.org/10.3389/fnsys.2013.00066
Pointer, S. C., & Bond, N. W. (1998). Context-dependent memory: colour versus odour. Chemical Senses, 23(3), 359-362. https://doi.org/10.1093/chemse/23.3.359
Vermetten, E., Schmahl, C., Southwick, S. M., & Bremner, J. D. (2007). A positron tomographic emission study of olfactory induced emotional recall in veterans with and without combat-related posttraumatic stress disorder. Psychopharmacology bulletin, 40(1), 8.
Zald, D. H., & Pardo, J. V. (1997). Emotion, olfaction, and the human amygdala: amygdala activation during aversive olfactory stimulation. Proceedings of the National Academy of Sciences, 94(8), 4119-4124. https://doi.org/10.1073/pnas.94.8.4119

Me ha encantado, súper interesante todo! Cuando pierdes el olfato, no le sientes el gusto a la comida y es súper frustrante. Gran info :)
ResponderEliminarInteresantísimo trabajo. Es imposible saborear bien un plato con la nariz tapada. Yo ya lo he intentado en más de una ocasión por solidaridad con algún amigo, y la experiencia me ha demostrado que el olfato es fundamental para apreciar sabores.
ResponderEliminarInteresante artículo. Es verdad que al olfato no se le da la importancia que tiene. Sin embargo, alguien come una comida que desconoce sin su nariz al plato antes de llevarse la cuchara a la boca.
ResponderEliminarInteresante artículo. Es cierto que le damos muy poca importancia, salvo cuando nos falta, porque entonces es imposible saborear y disfrutar de nuestra comida preferida. Me ha encantado mucho la parte que refleja los recuerdos y como un simple olor a lavanda puede rebajar la ansiedad.
ResponderEliminarMuy bueno Sofia, y cierto, confirma y explica muy bien lo que siempre he experimentado.
ResponderEliminarAnimo a todo el equipo y a seguir investigando! 👍👏👏👏
Esta genial!!!
ResponderEliminarEs cierto que muchos recuerdos estan asociados al olfato y como no tofo lo relacionado con la comida!!!